El papel de los expertos forestales

Vivimos en una época de paradojas. La información a nuestro alcance es infinita, pero a la vez estamos perdiendo una experiencia vital y natural acumulada durante multitud de generaciones: la de los expertos forestales.

Internet se está convirtiendo en la biblioteca de nuestro tiempo. Si se dispone de una buena conexión, unos mínimos conocimientos de idiomas y una cierta sagacidad, la red de redes puede ser una poderosa herramienta de consulta y almacenamiento de información. En el ámbito forestal, Internet también es un buen aliado en la búsqueda rápida y más o menos actualizada de información.
En muchos casos, las fotocopias y la compra de libros extranjeros pueden ser sustituidas por visitas a direcciones electrónicas de interés. Este mundo virtual coexiste con el mundo real, la teoría coexiste con la práctica. Y quien más sabe de práctica forestal es quien ha pasado su vida trabajando entre árboles: baserritarras, guardas y técnicos forestales. Los bosques nos muestran en su estructura y en su densidad el manejo al que han sido sometidos para satisfacer las necesidades humanas. Los indicios de antiguos fuegos, el sotobosque, la forma de reproducción del arbolado, la regeneración natural, la morfología de copas y ramas,… son señales que indican la forma de intervención humana en los paisajes forestales. La vegetación acompañante del arbolado, muchas veces despreciada por su pequeño tamaño, suele ser también una gran fuente de información sobre el medio natural y socioeconómico en el que han crecido los árboles.Los textos especializados son necesarios, pero una visita al monte, con los ojos bien abiertos o con una compañía experta, puede ser una inmejorable lección práctica de selvicultura. Aprovechemos la experiencia acumulada por esos expertos.
UN POCO DE HISTORIA
La Administración forestal, llámese Visitadores de montes, celadores, guardas o técnicos forestales, ha tenido diversas misiones a lo largo de siglos: la vigilancia, el cumplimiento de la legislación y la satisfacción de las necesidades de usuarios y propietarios de las masas forestales. Su experiencia, muchas veces trasmitida boca a boca, ha permitido ir conociendo mejor las técnicas de manejo y reproducción del arbolado. Como punto negativo del que tradicionalmente ha adolecido este colectivo forestal, hay que citar su escasa afición por escribir y publicar conocimientos. Los productos materiales (madera, leña, carbón vegetal) han sido tradicionalmente la oferta suministrada por los bosques. Estos bosques han ido en retroceso a la vez que crecían y se desarrollaban las Sociedades occidentales. Las necesidades humanas no sólo aprovechaban el crecimiento o interés que proporcionaban esos bosques, sino que iban acabando con el capital arbóreo. La creación de la moderna Administración forestal, hecho que en el País Vasco sucedió a principios del siglo XX, supuso la adopción de medidas tendentes a valorizar las masas forestales no sólo por sus productos materiales, sino también por sus servicios o bienes inmateriales. Se comenzaron a repoblar laderas con problemas de erosión, de deslizamientos o de generación de avenidas, probando diversas especies forestales y técnicas de repoblación y limitando la presencia de ganado no autorizado en el monte. Las necesidades de pasta de papel, leña y madera fueron consolidando, a lo largo del siglo XX, una demanda creciente de productos maderables que las agotadas masas naturales del País Vasco no estaban en condiciones de suministrar. Las plantaciones forestales de especies de crecimiento rápido como el pino radiata, promovidas por la iniciativa de miles de baserritarras, fueron satisfaciendo la demanda de industrias papeleras y aserraderos. El fin del carboneo (décadas de los 50 y 60), el paulatino descenso de la demanda de leña y la irrupción de materiales sustitutivos de la madera han sido etapas sucesivas que han contribuido a disminuir la demanda sobre los bosques. La madera de calidad, en forma de trozas gruesas procedente de arbolados aclarados y podados, es la que actualmente proporciona unos mayores beneficios al propietario forestal, frente al bajo precio de la madera para pasta papelera. Sin embargo, la situación del mercado forestal puede cambiar en plazos relativamente corto por diversas causas, como lo prueba la reciente revalorización de la madera de eucalipto frente al descenso del precio de la madera de pino radiata. El mundo forestal se enfrenta a varios retos. La certificación de la gestión forestal sostenible requiere consenso social, aunque diversas prácticas como la apertura de vías forestales, las cortas a hecho o la mecanización forestal se enfrentan a diversas críticas. La mejora de los transportes facilita el comercio internacional de madera y hace que se pueda comprar madera aserrada de pino radiata procedente de Chile más barata que la de aquí. En nuestra avanzada Sociedad, cada vez se consume más madera y papel, pero la gestión forestal es cada vez menos intensa en la mayor parte de nuestros bosques. Los turnos se alargan, los bosques se están capitalizando en madera, desde hace décadas se corta menos de lo que crecen las masas y se va acumulando madera muerta. Hemos pasado de tener un bosque animado, con multitud de personas viviendo y trabajando en el medio forestal, a unos bosques silenciosos, en los que a duras penas se encuentra personal dispuesto a trabajar en el monte.
UN POCO DE REFLEXIÓN
Los técnicos forestales deben atender las demandas de la Sociedad. Si lo que se desea es producir madera de nuestros bosques, como ha venido ocurriendo hasta hace pocos años, su labor técnica debe contribuir a ello. Si la demanda social se encamina hacia más biodiversidad, más Parques Naturales, más madera muerta o más animales por todas partes, la gestión de nuestros bosques debe guiarse con esos fines y ya compraremos la madera de otras latitudes. Sin embargo, los técnicos forestales sí que deberían guiarse por otros plazos en sus actuaciones: frente a una Sociedad que se deja llevar por una visión a corto plazo, de pocos años, estos técnicos deben con sus actuaciones ir cambiando esa costumbre y convencer a los responsables de las decisiones sobre as ventajas de la paciencia forestal. Una buena forma de superar el día a día y de mar a largo plazo es levantar y mantener parcelas o rodales de seguimiento de parámetros forestales (selvicultura, procedencias, suelos, erosión), tratando de no perder el conocimiento adquirido en esos ensayos y divulgando los resultados obtenidos.
Como colectivo, los forestales no tienen la verdad absoluta, sino que son depositarios de una experiencia secular, útil para gestionar los bosques de acuerdo a lo que pidan sus dueños o la Sociedad. Es muy fácil criticar hoy lo que hicieron los forestales hace décadas, cuando el contexto socio-económico era otro, la demanda de madera era acuciante y la sensibilidad ambiental era menor. Hoy el mundo es más complejo, pero el colectivo forestal cuenta con más recursos para llevar a cabo una gestión forestal sostenible. No hay que olvidar que nuestros bosques no son vírgenes, sino que han sufrido milenios de intervención humana y de simplificación en su estructura y biodiversidad. Dejemos que evolucionen, aunque vigilados y tutelados por los expertos. Y olvidemos que, en caso de venir mal dadas en el futuro, los bosques pueden volver a ser una fuente irreemplazable de recursos materiales.

Fuente: SUSTRAI
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