Los pinos de montaña son más vulnerables a los efectos del cambio climático

En el marco del proyecto Ecolpin, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad, el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA), y las universidades de Alcalá de Henares, Granada y Politécnica de Madrid han desarrollado un trabajo de investigación sobre la respuesta de las seis especies de pino españolas (Pinus sylvestrisP.uncinataP.nigraP.pinasterP.pineaP.halepensis) al cambio climático en su desarrollo.

El trabajo se ha realizado en el rizotron –entorno desarrollado para permitir el análisis de la raíces de las plantas– existente en las instalaciones del IRTA en Torre Marimon (Barcelona). Los científicos han mostrado cómo, en las fase comprendida entre la germinación de la semilla y las dos savias, el factor para la supervivencia de los plantones es la captura de agua. Los mecanismos propios de los que dispone cada especie para obtenerla del suelo, guardarla en los tejidos para mantenerlos turgentes y cederla a la atmósfera mediante la transpiración para permitir la fotosíntesis y así poder crecer es fundamental en esta fase.

Por este motivo, el estudio se ha centrado en las raíces y su capacidad para obtener dicha agua, tanto por sus características intrínsecas (capacidad hidráulica para absorber y conducir el agua del suelo), como por su potencialidad para crecer en la tierra y absorber nutrientes y agua.

Los ambientes más mediterráneos desplazarán a los de montaña

Los resultados de este proyecto de investigación han mostrado cómo las especies de las zonas bajas y medias del Mediterráneo están más adaptadas a las condiciones térmicas previstas en las proyecciones de cambio climático para este siglo, que las situadas en zonas altas de montaña.

Este dato se traducirá en que, en las zonas de transición, en las que hay mezcla de especies, las de ambientes más mediterráneos tendrán ventajas funcionales y, por tanto, podrán ser capaces de desplazar a las de montaña.

"Estos resultados deben ayudar a planificar la composición de las masas arboladas, el potencial paisaje y, en consecuencia, lo que éste condiciona, como son los flujos de agua y carbono, los nutrientes o la biodiversidad, sin olvidarnos de los incendios", concluyen los autores de la investigación.

Resumen del artículo publicado en Plant Biosystems, aquí.